LECHE de BURRA

En el universo de la belleza, la leche de burra es una fuente de juventud conocida desde hace milenios y que vamos a descubrir poco a poco. La leche de burra es la más cercana a la leche materna, fuente de todos los principios. Por tanto, no hay nada más natural, aparte de más universal e intemporal.

Un poco de historia

The jar of Roman cosmetic uncovered beneath London's streets (Museum of London) The jar of Roman cosmetic
uncovered beneath London's
streets (Museum of London)

La leche de burra era ya muy conocida por las civilizaciones antiguas. Desde el 375 antes de Cristo, el médico griego Hipócrates la recomienda para todo tipo de males (cicatrización de las heridas, envenenamiento, dolores articulatorios…). Por supuesto, se cita a Cleopatra VII, que tomaba sus baños de leche de burra. Se dice que esta poseía una manada de 300 burras destinadas a ese uso. Los romanos hacían con ella una bebida de lujo, aparte de productos de belleza. Además, la crema para el rostro más antigua del mundo la encontraron unos arqueólogos en Londres en el 2003. Su estado de conservación, 2.000 años después, era excepcional. En el bote aparecían todavía las huellas de los dedos de su propietaria. Federico Nappo, experto de Pompeya en cosmética, nos recuerda en esta ocasión que « los romanos utilizaban la leche de burra como tratamiento para la piel ». Plinio El Viejo, en su « Historia Natural » describe cómo Popea, esposa de Nerón, tomaba sus baños en leche de burra (63 después de Cristo). Y describe sus propiedades: « Se cree que la leche de burra borra las arrugas del rostro, vuelve la piel más delicada y mantiene su blancura ».

Mucho más tarde, Pauline, hermana de Napoleón Bonaparte, recurriría a la leche de burra para cuidarse la piel. En los siglos XIX y XX, la leche de burra reemplaza a la leche materna en los orfelinatos. La « Asistencia Pública » decide incluso en 1877 poner en el hospital Saint Vincent de Paul un establo adosado al dormitorio común para amamantar directamente a los niños. En esa época, esta bebida también se distribuía en algunas grandes ciudades de Francia (Toulouse y París). A continuación, la leche de burra cayó en el olvido, hasta que en 1995 un joven ganadero decidió recuperar su producción en Ariège. Actualmente, gracias a un pequeño número de productores de leche de burra podemos disfrutar de sus beneficios.

Sus propiedades han logrado superar diferentes épocas. El auge de lo natural y lo auténtico ha hecho el resto.

Leche de burra

Propiedades

Pero ¿por qué la leche de burra es tan buena?
Por una parte, es muy diferente de la leche de los rumiantes que poseen varios estómagos y que, debido a su forma de digerir durante tres días, oxidan los ácidos grasos y las vitaminas. La burra, como el ser humano, posee, por el contrario, un sistema digestivo monogástrico. Además, la leche de los rumiantes, debido a la digestión por fermentación, tiene una carga bacteriana muy elevada, al contrario que la leche de burra que tiene enzimas (lisozima y lactoferrina) que son poderosos agentes antimicrobianos. La leche de burra es muy completa porque es muy similar a la leche de la mujer.

Es rica en vitaminas (A, B1, B2, B6, C, D, E) en minerales (calcio, magnesio, fósforo, hierro, zinc...), oligoelementos y ácidos grasos esenciales (omega 3 y 6). Contiene mucho retinol (vitamina A) que tiene un efecto tensor muy importante, por tanto, antiarrugas. El retinol ayuda también a la cicatrización y acelera la producción de colágeno.
Se comprenderá que es especialmente eficaz en las pieles con problemas, con eczema, acné o psoriasis. La piel se regenera de forma más fácil y elimina así sus impurezas. La leche de burra hidrata y está recomendada para las pieles con envejecimiento precoz.

El criadero de burros

The jar of Roman cosmetic uncovered beneath London's streets (Museum of London)

Nosotros trabajamos exclusivamente y con toda confianza con un amigo, productor de leche de burra en el Sudoeste de Francia. En plena campiña, su criadero de burros del Gers es una pequeña explotación de 8,5 ha, certificada en Agricultura Biológica por Ecocert Francia. Además, es un centro para la rehabilitación del burro de los Pirineos, raza local poco efectiva. Los animales, una quincena, están en el exterior todo el año con posibilidad de resguardarse. La alimentación es totalmente natural: hierba, heno y cebada. Los borriquillos participan de la protección de la raza del burro de los Pirineos, una raza local muy maltratada

El ordeño

La producción de leche de burra es extremadamente complicada, lo que hace de ella un producto escaso. Como en todos los mamíferos, la lactancia se pone en marcha con el nacimiento del borriquillo. Sin embargo, el animal solo tiene 2 ubres, no tiene cisterna y, por tanto, el ordeño se debe hacer 3 veces al día en general, para obtener entre 1,5 y 2 litros de leche. Y esto durante 4 o 5 meses solamente, porque durante los 2 primeros meses se le deja toda la leche al borriquillo. En comparación, una vaca da una media de 30 litros todo el año. El ordeño se hace manualmente y la presencia del pequeño es necesaria, de lo contrario la burra no da leche. En efecto, la lactancia se inicia con la secreción de una hormona, la oxitocina, provocada por la estimulación del borriquillo. Están lejos de ser crías intensivas, y todos los productores trabajan de manera artesanal y razonable, siempre respetando al animal. Por supuesto, la burra continúa amamantando a su hijo durante todo el periodo de ordeño y poco a poco el borriquillo diversifica su alimentación.
La leche de burra es muy blanca y más fluida que la leche de vaca, porque contiene muy poca materia grasa. Por el contrario, es dulce.
En nuestro criadero de burros, el ordeño se hace según un protocolo muy riguroso para garantizar una higiene óptima y satisfacer los criterios de la Agricultura Biológica. El ordeño se hace en un entorno tranquilo y protegido, en condiciones de respeto a las burras y a sus borriquillos.
Después de dos filtraciones, el envasado se hace en jarras esterilizadas con doble cierre y se conserva en el congelador.

El ordeño

La liofilización

Tras la congelación, la leche se transporta a 450 kms de allí, en furgoneta refrigerada, a un laboratorio controlado por Ecocert. Se deshidrata para facilitar su conservación. Para hacer esto, utilizamos la técnica de la liofilización. La leche no se calienta, al contrario que en la técnica clásica de la atomización. El agua que contiene la leche pasa por sublimación del estado sólido al estado gaseoso. Esta técnica de secado por medio del frío y del vacío es un procedimiento caro y sofisticado, pero que conserva todas las propiedades de la leche. Son los Incas los primeros que explotaron esta técnica al subir algunos alimentos a las alturas de Machu Picchu, donde predominan el frío y la baja presión, para que estos se evaporaran lentamente hasta la deshidratación: las patatas tratadas de este modo se conservan más tiempo.
Nuestra leche BIO certificada Ecocert y liofilizada en frío, puede aportar a nuestra gama todas las propiedades de la leche de burra fresca en condiciones sanitarias óptimas.

La liofilización
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